Con Victorious Fleet Commanders el rock’n’roll no muere

La quinta semifinal del lunes 5 de diciembre fue la más gamberra hasta ahora en lo que llevamos de esta edición, entre el toque de Joan Colomo y las tres bandas participantes (Victorious Fleet Commanders, Fizzy Soup y Ola La Meta). Los votos del jurado quedaron totalmente repartidos: David Arias del Primavera Sound y el director de Binaural, Pablo Porcar, votaron a Victorious Fleet Commanders, mientras que Marçal Lladó de Bankrobber y Victor Asensio de Los Retrovisores votaron a Ola La Meta, y la Sala Apolo dio su voto a Fizzy Soup.

El inicio de la noche fue apabullante y salvaje. Victorious Fleet Commanders, empezaron con ‘La Tartine Jeune’, el tema que arranca su epé Ay Carmela (2016). La introducción dio paso a un riff que sentenció lo que iba a venir: puro rock’n’roll. Con un toque tétrico, el riff de la intro ayudó a que los hooligans calentaron sus voces.

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Luego Jaime Comet (guitarra y voz principal) hizo resonar la sala con ‘Catch my Breath’, siguiendo con el registro más rockero de la banda. Ya en el segundo tema, el público canturreaba el estribillo y sólo eran poco más de las nueve. A la mitad de este tema, Jaime se explayó con un solo espléndido. Los de Zaragoza saben un rato de rockanrolear pero también saben darle toques sureños como en el tema ‘Contigo muero’ (‘Tengo que decirte al oído que contigo muero’).

Hasta que llega ‘Ay Carmela’ y después le sigue ‘Do Me’, que podría ser un clásico de rock’n’roll de toda la vida. El final de su concierto es lo más: Primero hacen una versión en castellano de su ‘Dance on the Water’ en la que Jaime se baja del escenario y con ese toque seductor interpreta un solo que deja al público pasmado. “Quiero bailar en la orilla, hace mucho calor”, nos cantaban. Y tanto calor que había después de su directo.

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De Zaragoza pasamos a los de Cuenca. Fizzy Soup iniciaron el bolo con una base disparada con un mando de Play Station. Su directo fue muy interesante, así como la formación en sí: Sonia se encargaba de las voces y la percusión, Carlos del bajo y teclas, Edu de la batería y Javi hacía guitarras, voz y teclas. El primer tema ‘Forest’ fue pura psicodelia. Luego le siguió ‘The House of Love’ que, aunque en el disco empiece con una guitarra acústica, apostaron por una reformulación del tema con una especie de rhodes con delay envolvente.

Justo después de esta canción, Sonia agradeció la asistencia del público y explicó que ese era su último concierto del año: “Ahora vamos a centrarnos con hacer un crowdfunding par financiar el nuevo disco y preparar el año nuevo”, explica. Fizzy Soup han sabido escoger un erer por una reformulació Javi. El proyecto empezó con Sonia y Javi, aunque Carlos (bajista) llevan casi desde el principio y Edu (batería) se incorporó hace dos años.

Su hit (‘The Big Black Woolf’) lo encajaron a la mitad del concierto y allí hubo un punto de inflexión. Fizzy Soup han sabido escoger un buen nombre para la banda ya que ellos son algo muy híbrido, con muchos ingredientes, y burbujeante a la vez. Las voces de Sonia y Javi nos recuerdan a momentos a Angus & Julia Stone pero con los apoteósicos sintes se desmarcan del rollo folk. Si bien con ‘Twistin’ Around’ había temas más souleros, con la presencia de un saxo, la banda va a experimentar una vez más: “Nos gusta experimentar pero no buscamos nada en concreto. El nuevo disco va a ser mas oscuro, más distorsionado y más lejano”, detalló Javi.

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Los últimos fueron Ola La Meta, que se encargaron de que la semifinal fuera fiestera y  gamberra. De algún callejón del centro de Madrid dicen que nacieron como banda a finales de 2015: “Empezamos a escuchar mucha música rollo garaje de Los Ángeles. Queríamos un sonido más americanizado, y con nuestra antigua banda, The Garage Players, a mí y a Luis no nos cuajaba el sonido”, explica Manu. En una entrevista los componentes explicaban que Manu aporta “la impulsividad”, Nora “la cabeza”,  Luis el “corazón” y añadimos la psicodelia de los teclados de Raúl.

El directo fue potente y sus letras se nos quedaron marcadas. Estos madrileños tienen suficientemente gracia en explicar historias que con ‘Playa maldita’ no nos faltaron los bañadores psicodélicos. Ola La Meta son riffs pegadizos, baterías garajeras y voces que surfean sobre los instrumentos. O también se podría resumir en un buen equilibrio entre lo clásico y lo nuevo.